jueves, 3 de diciembre de 2009

Paul Eluard (1895-1952)



Entre algunos pocos
A Philippe Soupault
Sus ojos tienen todo un cielo de lágrimas.
Ni sus párpados, ni sus manos
Son noche suficiente
Para ocultar su dolor.

Irá a preguntar
Al Consejo de los Rostros
Si aún es capaz
De alejar su juventud

Y de ser en la llanura
El piloto del viento.
Es cuestión de experiencia :
Toma su vida por el medio.

Solos, los platillos de la balanza...

(Capitale de la douleur,1926)

Volver a una ciudad de terciopelo y de porcelana, las ventanas serán floreros donde las flores, que habrán abandonado la tierra, mostrarán la luz tal cual es.
Ver el silencio, besar sus labios, y los techos de la ciudad serán entonces bellos pájaros melancólicos, de alas descarnadas.
Amar solo la suavidad y la inmovilidad de ojo de yeso, frente de nácar, de ojo ausente, frente viva, de manos que, sin cerrarse, conservan todo sobre sus balanzas, las más justas del mundo, invariables, siempre exactas.
El corazón del hombre no volverá a sonrojarse, ya no se perderá, vuelvo de mí mismo, de toda eternidad.
(Capitale de la douleur,1926)


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