viernes, 7 de mayo de 2010

Jean Luc Parant (1944)

Estamos lejos, tan lejos de todo el universo, que nuestros ojos, a los cuales no vemos y que están sin embargo tan cerca de nosotros, nos muestran hasta qué punto estamos lejos.
Estamos lejos de lo que está lejos, pero también de todo lo que está cerca. Porque estamos en un espacio sin fin y, en un espacio sin fin, si todo está lejos todo está cerca también. Y si nada está cerca, nada está lejos tampoco.
Si no nos tocásemos, no existiríamos. Nuestro tacto nos salvó la vida. El poder de nuestras manos será siempre más fuerte que el de nuestros ojos.
Estamos en un espacio tan vasto que nos ha alejado tanto de todo que ya no hay nada que podamos alcanzar con nuestras manos sin antes haberlo alcanzado con los ojos. Habitamos un espacio tan vasto que nos ha alejado tanto unos de otros que cuando nos tocamos, vivimos una hazaña, cuando nos apareamos, vivimos el milagro que nos hace nacer.
Nos tocamos para reducir el espacio inmenso que nos separa a unos de otros e, ínfimos, poder seguir existiendo en el infinito.
Estamos tan lejos, el espacio es tan vasto en todas partes alrededor que nunca estamos lo suficientemente cerca para poder tocarnos, para poder unirnos al otro, a los otros, al mundo que nos rodea.
Si con nuestros ojos nos proyectamos tan infinitamente lejos tan rápido, es porque estamos muy alejados de todo, ocultos en el fondo del universo. Con nuestros ojos, volamos apenas se abren, hacemos miles de pasos en el espacio, corremos, escapamos a la velocidad de la luz en el cielo. Vemos pero rozamos el espacio, acariciamos el mundo. Ya no tocamos, estamos demasiado lejos, pronto ya no podremos aparearnos, no podremos ir tan lejos en la noche para hacer nacer el día tan cercano que se avecina.
Estamos desapareciendo en la tierra y en el cielo.



Nous sommes loin, si loin de tout l’univers, que nos yeux, que nous ne voyons pas et qui sont pourtant si près de nous, nous montrent à quel point nous sommes loin.
Nous sommes loin de tout ce qui est loin, mais aussi de tout ce qui est près. Car nous sommes dans un espace sans fin et, dans un espace sans fin, si tout est loin tout est près aussi. Et si rien n’est près, rien n’est loin non plus.
Si nous ne touchions pas, nous n’existerions pas. Notre toucher nous a sauvé la vie. La puissance de nos mains sera toujours plus forte que celle de nos yeux.
Nous sommes dans un espace si grand qui nous a tant éloignés de tout que nous ne pouvons plus rien atteindre des mains sans l’avoir déjà atteint des yeux. Nous sommes dans un espace si grand qui nous a tant éloignés les uns des autres que quand nous nous touchons, nous vivons un exploit, quand nous nous accouplons nous vivons le miracle qui nous a fait naître.
Nous nous touchons pour réduire l’espace immense qui nous sépare les uns des autres et, infimes, pouvoir encore exister dans l’infini.
Nous sommes si loin, l’espace est si grand partout tout autour de nous que nous ne sommes jamais assez près pour pouvoir tout toucher, pour pouvoir être lié à l’autre, aux autres, au monde qui nous entoure.
Si avec nos yeux nous nous projetons si infiniment loin si vite, c’est parce que nous sommes très éloignés de tout, enfouis au fin fond de l’univers. Avec nos yeux, nous volons à peine ils s’ouvrent, nous faisons des milliers de pas dans l’espace, nous courons, nous filons à la vitesse de la lumière dans le ciel. Nous voyons mais nous frôlons l’espace, nous effleurons le monde. Nous ne touchons plus, nous sommes trop loin, bientôt nous ne pourrons plus nous accoupler, nous ne pourrons plus aller si loin dans la nuit pour faire naître le jour très près devant nous. Nous sommes en train de disparaître sur la terre et dans le ciel.

Jean Luc Parant, Le Je des yeux, Atelier la Feugraie, 2010, pp. 27 & 28

4 comentarios:

  1. hola Florence,
    me pareció muy sugestivo este texto de J.L.Parant, de quien no sabía.Me gustó mucho esa narrativa en tercera del plural, como si fuese la humanidad la que hablara; y el ritmo lo vuelve introspectivo y envolvente, me recuerda-en parte- el estilo de Malcolm de Chazal.Gracias por difundir a quien seguramente valdrá la pena seguir leyendo.Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Bueno, me alegra tu comentario porque no estaba tan convencida de que fuera interesante publicarlo.
    Ahora busco textos que no hayan sido ya traducidos y la elección es bastante intuitiva y azarosa. Por ejemplo, yo no conocía a Malcolm de Chazal. Así que gracias por el intercambio. Saludos.

    ResponderEliminar
  3. De Malcolm de Chazal hay dos libros-los únicos que leí de prestado y desgraciadamente no fotocopié- que son Sens plastique y La vie filtrée, que fueron publicados por Gallimard en la década del '40 ; quiero suponer que estarán reeditados.O en la biblioteca de la Alianza es posible que los tengan.
    La intuición es buena consejera. En el terreno de la poesía, me parece bueno uno de Leo Ferré que se llama Poéte...vos papiers!editado por la table ronde en 1956. Es un libro inteligente y el estilo es coloquial y directo.Y hasta donde sé, creo que no está traducido, así que ahí sugiero otra intuición -para más adelante confirmar.

    ResponderEliminar
  4. Hola! Gracias por tu comentario. Te confirmo que sí fueron reeditados los libros de De Chazal que mencionás. Estoy viajando a fines de julio y tomé nota de los datos para adquirirlos. Ahora me fijo lo que me comentás de Léo Ferré, que, por cierto, me encanta.

    ResponderEliminar