sábado, 19 de noviembre de 2011

Jacques Réda (1929)



























LA VOZ EN EL INTERVALO

Tal vez debamos hablar todavía más bajo,
De modo que nuestras voces sean un refugio para el silencio;
No decir más que la hierba cuando crece
Y el hormiguero de la arena bajo el viento.
El intervalo que falta nombrar se entenebra, igual
Que el vado atravesado por los rayos del atardecer, cuando la corriente
Se eleva hasta la cara extasiada de los árboles.
(Y ya en los bosques el oscuro ha tendido sus lazos,
Los caminos perdidos de regreso se estrangulan.)
Hablar más bajo, bajo la melancolía y la cólera,
Y aún sin esperanza de ser mejor oídos, si realmente
Con la hierba y el viento nuestras voces pueden dar asilo
Al silencio que a su vez los consagra, imitando
Esa retirada del poniente como un beso prolongado sobre nuestros labios. 


La voix dans l’intervalle 
Peut-être devons-nous parler encore un peu plus bas,/De sorte que nos voix soient un abri pour le silence ;/Ne rien dire de plus que l’herbe en sa croissance/El la ruche du sable sous le vent.// L’intervalle qui reste à nommer s’enténèbre, ainsi/Que le gué traversé par les rayons du soir, quand le courant/Monte jusqu’à la face en extase des arbres./ (Et déjà dans le bois l’obscur a tendu ses collets,/Les chemins égarés qui reviennent s’étranglent.)/Parler plus bas, sous la mélancolie et la colère/Et même sans espoir d’être mieux entendus, si vraiment/Avec l’herbe et le vent nos voix peuvent donner asile/Au silence qui les consacre à son tour, imitant/Ce retrait du couchant comme un long baiser sur nos lèvres.//  

POST-SCRIPTUM

Pero este error con el criminal es compartido
Y esta soledad con el proscrito me confunde.
El alma en el fondo no es más que la sombra donde brillan los cuchillos;
De horror y de sangre cada noche se enmascaran las ideas
Que superan el entendimiento. ¿Y qué dioses ridiculizados
Ocultan el oráculo ante el pavor del crimen, ellos que ya no encuentran
En nosotros su morada de paz y se quedan sin ofrendas?
El que camina así, en la soledad ilícita,
Rinde homenaje a esos dioses; se lo escucha murmurar: su voz
Es a la vez mentira y sacrificio; inocente,
Parece poco probable sin embargo que se les escape; tarde
O temprano en la sombra tenue vemos aproximarse los cuchillos.

Post-Scriptum 
Mais cette erreur avec le criminel est partagée/Et cette solitude avec le proscrit me confond./L’âme tout au fond n’est que l’ombre où luisent les couteaux;/D’horreur et de sang chaque nuit se masquent les idées/Qui dépassent l’entendement. Et quels dieux bafoués/Cachent l’oracle sous l’effroi du crime, eux qui n’ont plus/Chez nous leur demeure de paix et restent sans offrandes ?/ Celui qui marche ainsi, dans la solitude illicite,/Rend hommage à ces dieux ; on l’entend murmurer : sa voix/Est à la fois mensonge et sacrifice ; innocent, il/Semble peu probable pourtant qu’il leur échappe ; tôt/Ou tard dans l’ombre douce on voit s’approcher les couteaux.// 

ORACION DE UN CAMINANTE

Tú que puedes consolar, dios de las metamorfosis, ve
El desorden uniforme de vivir y cómo estoy hastiado.
Quisiera volverme una piedra y soñar tu gloria
Oscuramente, como sueñan la pizarra y el carbón.
O bien hazme semejante a este ala de espacio
Que vibra apenas sobre los tejados y a lo largo de las fachadas
Cuando el atardecer me abre la amistad muda de las casas.
Pero no me dejes, entre la calle y las nubes,
Contra el escalón azul chocar mi cráneo; rómpelo,
Derrámalo en tu suavidad de pizarra y horizonte.  

Prière d’un passant 
Toi qui peu consoler, dieu des métamorphoses, vois/Le désordre uniforme de vivre et comme je suis las./Je voudrais devenir une Pierre et rêver ta gloire/Obscurément, comme rêvent l’ardoise et le charbon./Ou bien fais-moi semblable à cette aile d’espace/Qui vibre à peine sur les toits et le long des façades/Quand le soir m’ouvre l’amitié muette des maisons./Mais ne me laisse pas, entre la rue et les nuages,/Contre la marche bleue heurter mon crâne ; casse-le ,/Répands-le dans ta douceur d’ardoise et d’horizon.//  


BAJO LA NOCHE
Pesados edredones de hollín y plumas de recuerdos:
Así fue el mundo. Ya no queda sino la punta
De las más altas ramas reventando la capa de bruma
Dónde el paso me adormece, y la punta de las rejas
Que cercan los jardines repletos de monstruos apacibles,
Y la punta de vuestros tacos, pasantes peligrosas,
Marcando el tiempo en desacuerdo, el tiempo que fue.
En el resplandor malva que sobresalta y va a morir,
Bajo el puente escandalosas siluetas y voces
Arden sin una llama y su ceniza espesa me asfixia.
Un paso más, duermo, guiado por vahos mullidos;
El ojo fijo y sin párpado en medio de mi vientre espía.  

Sous la nuit 
Lourds édredons de suie et plumes de souvenirs : /Ce fut le monde. Il ne reste rien que la pointe/Des plus hautes branches crevant la couche du brouillard/Où la marche m’endort, et la pointe des grilles/Entourant les jardins pleins de monstres paisibles,/Et la pointe de vos talons, passantes dangereuses,/Marquant le temps désaccordé, le temps qui fut./Dans la lueur mauve qui sursaute et va mourir,/Sous le pont fracassant les silhouettes et les voix/Brûlent sans une flamme et leur cendre épaisse m’étouffe./ Encore un pas, je dors, porté par de molles buées ;/ L’œil fixe et sans paupière au milieu de mon ventre épie.//

Jacques Réda, Amen, Récitatif, La tourne, Gallimard, 2002.

Artemisia Gentileschi, Judith decapitando a Holofernes, 1620

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Dante Maffìa (1946)

SIN QUERERLO

¿Un día, un año?
¿Otros siete lustros? ¿Quién sabe
cuánto durará el andar
hacia delante y el retroceder mirando
cada cosa sin desatender
nada, ni colores, ni formas,
ni ciertos pliegues -¿o cómo quieren llamarlos?-
de los movimientos?
Una danza que distrae de la obsesiva
idea de ella
a quien siento caminar
furtiva y condenadamente verdadera.
Y así, sin quererlo digo adiós
a aquello que encuentro y siento el murmurar
del principio, una sombra inclinada
con las manos de la noche en su boca.

Senza volerlo
Un giorno, un anno?/Altri sette lustri? Chissà/quanto durerà l’andare/avanti e indietro guardando/ogni cosa senza trascurare/nulla, né colori, né forme,/né certe pieghe –o come vuoi chiamarle?- dei movimenti.
Una danza che distrae dall’idea/ossessiva di lei/che sento camminare/furtiva e dannatamente vera.// Ecco, senza volerlo dico addio/a ciò che incontro e sento il mormorare/del principio, un’ombra sbilenca/con in bocca le braccia della sera.//


EN PARTICULAS, EN TOQUES


Hice de todo
para entrar entero
en cada cosa:
viento, flores, pensamientos,
leche, barniz, mimosa,
incluso en cada luto,
y apenas si pude dividirme
en partículas en toques
en plumas de aire.

Y por eso me sentí ligero,
pequeño enigma laberíntico,
una ráfaga que cambia.

In briciole, in rintocchi
Ho fatto di tutto/per entrare intero/in ogni cosa:/vento, fiore, pensiero,/latte, vernice, mimosa/perfino in ogni lutto,/e sono appena riuscito a dividermi/in briciole in rintocchi/in piume d’aria.//
Ecco perché mi senti lieve/e piccolo divagante enigma,/un refolo che svaria.//


VERSOS PARA OSA

1
Ella siempre está aquí, su voz
No ha cambiado. Alguna arruga
Y algún suspiro, pero es siempre
Ella, con su mirada algo desilusionada.

2
Tantas veces lo pensé
Pero no logro compararla
A ningún animal, a ninguna cosa.
Es ella con su paso, altanera, gruñona.

3
A los dieciséis años era una mujercita
Pícara, se parecía a la Cardinale.
Yo a Curtis. Tenía incluso el jopo y el ceño
iguales. Pero el tiempo es criminal.

4
Nunca nos recriminamos por nuestra suerte,
Nunca perseguimos quimeras.
Gozamos ambos de nuestras primaveras
menospreciando a la muerte.

Versi per orsa
Lei è sempre qui, la sua voce/non è cambiata. Qualche ruga/e qualche sospiro, ma sempre/lei, col suo sguardo un po’deluso.//
Ci ho pensato tante volte/ma non Riesco a paragonarla/a nessun animale, a nessuna cosa./È lei col suo passo, altera, permalosa.//
A sedici anni era una donnina/ tutta pepe, rassomigliava alla Cardinale./Io a Curtis. Avevo anche il ciuffo e la grinta/giusta. Ma il tempo è u criminale.//
Non abbiamo mai recriminato contro la sorte,/mai abbiamo rincorso le chimere./Ci siamo godute le nostre primavera/per far dispetto alla morte.//



Dante Maffìa,La strada sconnessa,Passigli Poesia, Castello, 2011.

viernes, 24 de junio de 2011

Pierre Reverdy (1889-1960)









TARDE EN LA VIDA

Soy duro
Soy tierno
Y he perdido mi tiempo
Soñando sin dormir
Durmiendo caminando
Cada vez que pasé
Me encontré con mi ausencia
No estoy en ningún sitio
Excepto en la nada
Pero llevo amarrado bien alto en mis entrañas
Allí adonde el rayo tantas veces golpeó
Un corazón donde toda palabra ha quedado tallada
Y por donde mi vida gota a gota se escurre a cada movimiento.


Tard dans la vie
Je suis dur/Je suis tendre/Et j’ai perdu mon temps/À rêver sans dormir/À dormir en marchant/Partout où j’ai passé/J’ai trouvé mon absence/Je ne suis nulle part/Excepté le néant/Mais je porte accroché au plus haut des entrailles/À la place où la foudre a frappé trop souvent/Un cœur où chaque mot a laissé son entaille/Et d’où ma vie s’égoutte au moindre mouvement//

CIRCULO DORADO

Bajo los olivos
Reían tres mujeres
Reían tres mujeres
El aire estaba demasiado calmo.

La primera tendía su delantal
La segunda tenía una canasta
Y la tercera al fin perdía su mirada

Y bajo el sol que las hacía bellas
Cuando ni siquiera lindas eran,
Una lluvia dorada caía del parral
Y el aire seguía sin un pliegue.

En los árboles verdes cantaban las cigarras
Y el marinero
Lejos en el puerto
La misma canción
De notas iguales
Repetía el refrán
Cargando la vela
Cada vez más alto.

Cercle doré
Sous les oliviers/Trois femmes riaient/Trois femmes riaient/L’air était trop calme.//La première tendait son tablier/La deuxième tenait un panier/La troisième enfin dont le regard s’égare//Et dans le soleil qui les rendait belles/Alors qu’elles n’étaient même pas jolies,/Une pluie dorée tombait de la treille/Et l’air ne faisait toujours pas un pli.//Dans les arbres verts chantaient les cigales/Et le marinier/Plus loin dans le port/La même chanson/Aux notes égales/Reprise au refrain/En carguant la voile/De plus en plus fort.//


Pierre Reverdy, Sable mouvant, Paris: Gallimard, 2003.
Imagen: Pierre Reverdy por Amedeo Modigliani.

domingo, 12 de junio de 2011

André Velter (1945)



BLASONES

1

Hay
un punzón en tu boca
un vuelo en tu mirada
un leonado en tus cabellos

una nube en tu cuello
un lago sobre tus hombros
sílex bajo tus dedos
un signo entre tus pechos

un sol contra tus dientes
un sol en tus entrañas
un sol en lo más profundo de ti

y fuego en cada una de tus voces
y un ala arrancada que enloquece tu corazón
y flores salvajes que hacen arder tu sangre


2

Hay
La risa más allá de los miedos
la ofrenda a cuerpo perdido
el placer en cascada y volcán

la mano que pasa por el origen
el impulso que eleva al absoluto
el arco de un iris color piel
el rapto de fábulas olvidadas

la confesión de una pasión fatal
el desafío de un desorden a vivo
la suerte de un verano fulminante

y este grito en la espuma
y este rocío en el alma
y el éxtasis brutal



3

Hay
brazadas de estrellas en nuestros brazos
puñados de sueños en nuestros puños
pasos perdidos en nuestros pasos

polvo de ángel en tus párpados
rojo de amante en tus mejillas
sudor de mujer en tus caderas
resaca de bacante entre tus muslos

siempre lo imprevisto
lo desconocido en cualquier lugar
citas en todas partes

y luego también el aliento de sobra
y luego también la fiebre en la frente
y luego también el amor sin fin


4

Hay
lo que es después lo que ya no es
ese deseo desenfrenado
este ansia de ti

la sombra que va a donde más le place
apagar el mediodía de las cosas
la tiniebla que ahonda a sus anchas
hasta el fondo de mis huesos
soy ternura desposeída
Soy furia en barbecho
soy aquel poeta enteramente tuyo

y que tú no escuchas
y que ya no se escucha con su voz
que quiere devolver






1
Il y a/ un poinçon dans ta bouche/un envol dans tes yeux/un fauve dans tes cheveux//un nuage à ton cou/un lac sur tes épaules/ des silex sous tes doigts/un signe entre tes seins//un soleil contre tes dents/un soleil sur tes reins/un soleil au creux de toi//et du feu en chacune de tes voix/et une aile arrachée que t’affole le cœur/et des fleurs sauvages qui t’embrasent le sang//
2
Il y a/le rire de l’au-delà des peurs/l’offrande à corps perdu/le plaisir en cascade et volcan//la main passée par l’origine/l’élan qui porte à l’absolu/l’arc d’un ciel couleur de peau/le rapt des fables oubliées//l’aveu d’une passion fatale/le défi d’un désordre à vif/la chance d’un été foudroyant/et ce cri dans l’écume/et cette rosée de l’âme/et l’extase brutale//
3
Il y a/des brassées d’étoiles dans nos bras/des poignées de rêves dans nos poings/des passages déroutés dans nos pas//de la poussière d’ange à tes paupières/du rouge d’amante à tes joues/de la sueur de femme à tes hanches/du ressac de bacchante entre tes cuisses//de l’imprévu toujours/de l’inconnu n’importe où/des rendez-vous partout// et puis encore le souffle au large/et puis encore la fièvre au front/et puis encore l’amour sans fin//
4
Il y a/ce qui est après ce qui n’est plus/ce désir effréné/cette famine de toi//l’ombre qui va où bon lui semble/éteindre le midi des choses/la ténèbre qui creuse à sa guise/jusqu’au fond de mes os//je suis tendresse dépossédée/je suis fureur en jachère/je suis ce poète tout à toi//et que tu n’entends pas/et qui ne s’entend plus avec sa voix/qui veut rendre gorge



André Velter, L’amour extrême et autres poèmes pour Chantal Mauduit,Gallimard, 2000.

domingo, 29 de mayo de 2011

Jude Stéfan (1930)

Una tarde de domingo y muerto
en que no sabíamos qué hacer nos
acostamos desnudos yo para besar
devotamente sus pechos ella para disfrutarme
leímos reímos a persianas cerradas
sólo una ventana oblonga daba sobre
los jardines verdes sin poder hacer
gran cosa entre los espejos y los
aires.

(Inocencia.)

Un après-midi de dimanche et mort/que nous ne savions que faire nous/nous couchâmes nus pour embrasser moi/dévotement ses seins elle me goûter/nous lûmes nous rîmes volets clos/seule une oblongue fenêtre donnait/sur les jardins verts ne pouvant pas/grand-chose parmi les miroirs et les/airs.// (Innocence.)


***




Tu palma besada por estas noches via-
ja Tus retornos pero tus partidas Una
bella tarde de junio Tu pudor
arriesgado tus piernas en la escalera
La habitación estable y el sendero La rosa
vivaz a tu pecho ofrecida Un mediodía
de pánico Los perros los gatos de tarde
acariciados por nuestras manos Tu gracia que
mata esplendor de relámpago Una rosa azul.

(Rosácea.)

Ta paume baisée pour ces nuits voy-/age Tes retours mais tes départs Un/après-midi de beau juin Ta pudeur/risquée tes jambes dans l’escalier/La chambre stable et le sentier La rose/vivace à ton sein offerte Un midi/de panique Les chiens les chats le soir/caressés de nos mains Ta grâce qui/tue splendeur d’éclair Une rose bleue.// (Rosace.)


***




Cálida fría castidad de pájaros blancos
recíbeme como a un cisne de placer
que se retuerce sobre tu pecho bebiendo de
Tu boca con desprecio del tiempo de sus gritos
la locura mis dos máscaras la seriedad
la cólera caídas. Encarnizado empa-
lándote rodeado de risas inauditas lejos sus
nombres de amor y de caricias concéde-
nos esta noche de Helena de Castor
los gemelos de nuestro odio enternecido.

(Décima de Leda.)

Chaude froide chasteté d’oiseaux blancs/reçois-moi comme un cygne de plaisir/qui se tord sur ton sein s’abreuvant à/ta bouche au mépris du temps de ses cris/la folie de mes deux masques le sérieux la fureur tombés. Acharné t’empa-/lant sous leurs rires inouïs loin leurs/noms d’amour et de caresses conçois-nous cette nuit des Hélène des Castor/les jumeux de notre haine attendrie.// (Dizain de Léda)

***


Progresivamente desapareció el
sol de súbito como sucede lo ine-
luctable después del tiempo después del amor
ante la misma muerte al oeste una hilera
de álamos donde las nubes dan una
larga sombra verdosa y antaño los
pájaros acaso ya volaban en el cielo ?
Ahora se vuelve a oír el río
lentamente la bruma se extiende
cada día para mí cambiar la rosa
adiós a las palabras como escombros y saqueo.

(Despedida.)

Progressivement a disparu le/soleil soudain comme arrive l’iné-/luctable après le temps après l’amour/à la mort même à l’ouest une ligne/de peupliers où les nuages font/longue ombre verdâtre et jadis des/oiseaux volaient-ils déjà au ciel ?/maintenant on la réentend la riv-/ière lentement le brouillard s’épand/chaque jour pour moi changer la rose/adieu aux mots tels gravats et saccage.//

(Congé.)


Jude Stéfan,À la vieille Parque précédé de Libères, Gallimard, Paris,1993.
Ilustración: Leda con el cisne, Peter Paul Rubens, 1600.

sábado, 14 de mayo de 2011

Phillipe Jaccottet (1925)

La noche es una gran ciudad dormida
en donde sopla el viento… Vino de lejos hasta
el asilo de este lecho. Es medianoche en junio.
duermes, me han conducido hasta estos bordes infinitos,
el viento agita el avellano. Llega aquel llamado
que se aproxima y se retira, juraría que se trata
de un resplandor que huye entre los bosques, o de
las sombras que, dicen, merodean los infiernos.
(Cuánto podría decir de este llamado en la noche de verano y de tus ojos…) Pero es sólo el ave llamada lechuza que grita desde el fondo
de estos bosques suburbanos. Y nuestro olor es ya
el de la podredumbre al alba,
ya bajo nuestra piel tan caliente penetra el hueso,
mientras en las esquinas se oscurecen las estrellas.

***

Estás aquí, el ave del viento revolotea,
tú mi suavidad, mi herida, mi bien.
Viejas torres de luz se ahogan
y la ternura entreabre sus caminos.

La tierra es ahora nuestra patria.
Avanzamos entre la hierba y las aguas
de esta fuente donde resplandecen nuestros besos
hacia el espacio donde fulminará la guadaña.

“¿A dónde estamos?” Perdidos en el corazón de
la paz. Aquí, ya nada habla sino
bajo nuestra piel, bajo la corteza y el barro,

con su fuerza de toro, la sangre
que huye y nos mezcla, y nos sacude
como a esas campanas maduras sobre los campos.

***


Como soy un extranjero en nuestra vida,
sólo hablo contigo con palabras extrañas
porque serás tal vez mi patria,
mi primavera, nido de paja y de lluvia en las ramas,

Mi colmena de agua que tiembla cuando despunta el día,
mi naciente Suavidad-en-la noche… (pero es la
hora
en que los cuerpos felices se sumergen en su amor
con gritos de alegría, y una niña llora

en el patio frío. ¿Y tú? No estás en la ciudad,
no caminas al encuentro de las noches,
es la hora en que solo con esas palabras fáciles

recuerdo una boca real…) Oh frutos
maduros, fuente de caminos dorados, jardines de hiedra,
a ti sola te hablo, mi ausente, mi tierra…

***


Ahora sé que no poseo nada,
ni siquiera este oro precioso que son hojas podridas,
menos aun estos días que vuelan de ayer a mañana
con grandes aleteos hacia una patria feliz.

Ella fue con ellos, la emigrante marchita,
la débil belleza, con sus secretos decepcionantes,
vestida de bruma. Sin duda la habrán llevado
Hacia otra parte, por estos bosques lluviosos. Como antes,

me encuentro en el umbral de un invierno irreal
donde canta el obstinado petirrojo, único llamado
incesante, como la hiedra. ¿Pero quién puede decir

cuál es el sentido? Veo como mi salud se desmejora
al igual que un breve fuego frente a la niebla
que un viento glacial aviva, borra… Se hace tarde.

Como un hombre que se deleita en la tristeza
más que cambiar de ciudad o vagar,
me empecino en excavar estos escombros, estas cajas,
estas piedras bajo las cuales está enterrado el cuerpo

que formaron nuestros cuerpos cuando estaban abrazados
en una cama de paso con gritos de alborozo.
(Fue entonces que nuestro cielo se aclaró
por un astro oscuro que destruí en mil pedazos…)

Ah! Abandonar por siempre fierros, tablas y yeso!
no, como un perro olfateo el perfume emanado
y escarbo tan profundo que al fin tendré mi paga:

transformarme a mi vez en polvo bien blanco
y no ser nada más que huesos carcomidos
de tanto haber buscado lo que había perdido.

***

Quédate tranquilo, ¡ya llegará ! Te aproximas,
¡ardes! Porque la palabra que estará al final
del poema, más que la primera estará cerca
de tu muerte, que no se detiene en el camino.

No creas que vaya a dormirse bajo unas ramas
o retomar el aliento mientras que escribes.
Aun cuando bebes en la boca que apaga
la peor sed, la dulce boca con sus dulces

gritos, aun cuando aprietas con fuerza el nudo
de sus cuatro brazos para quedarse bien inmóviles
en la ardiente oscuridad de sus cabellos,

viene, sabe Dios por qué caminos, hacia ustedes dos,
desde muy lejos o bien cerca ya, pero quédate tranquilo,
viene : de una palabra a otra ya eres más viejo.

Phillipe Jaccottet, L'effraie dans"Poésie 1940-1967", Paris: Gallimard, 2009.

martes, 19 de abril de 2011

Michel Houellebecq (1958)



Seguir viviendo

"Con todo, el oficio de las letras sigue siendo el único en el que se puede no ganar dinero sin caer en el ridículo."




Un poeta muerto ya no escribe. De ahí la importancia de seguir viviendo.

Este razonamiento simple, a veces resultará difícil de mantener. En particular durante los períodos de esterilidad creadora prolongada. Mantenerse con vida, en esos casos, le parecerá dolorosamente inútil; de todas formas, no escribirá más.
A esto, sólo una respuesta: en el fondo, usted no sabe nada. Y si se examina con honestidad, finalmente deberá aceptarlo. Se han visto casos extraños.
Si usted no escribe más, es quizá el preludio de un cambio de forma. O de un cambio de tema. O de ambas cosas. O tal vez se trate efectivamente de su muerte creadora. Pero usted no sabe nada. No conocerá jamás esa parte de usted mismo que lo impulsa a escribir. La conocerá solo bajo formas aproximadas y contradictorias. ¿Egoísmo o devoción? ¿Crueldad o compasión? Todo se puede defender. Prueba de que, finalmente, usted no sabe nada; entonces, no se comporte como si supiera. Frente a su ignorancia, frente a esta misteriosa parte de usted mismo, siga siendo honesto y humilde.
No solo los poetas que viven hasta viejos producen más, sino que en la vejez se asientan procesos físicos y mentales particulares, que sería una lástima no llegar a conocer. Dicho esto, seguir viviendo es extremadamente difícil. Podremos pensar en adoptar una estrategia a la Pessoa: encontrar un pequeño empleo, no publicar, esperar apaciblemente la muerte.
En la práctica, tendremos que sobreponernos a importantes dificultades: sensación de perder el tiempo, de no estar en nuestro lugar, de no ser valorado en la justa medida… todo esto pronto se volverá insostenible. Será difícil evitar el alcohol. Al final de cuentas, la amargura y la acidez esperarán al final del camino, seguidas inmediatamente por la apatía y una esterilidad creadora total.
Si bien esta solución tiene sus inconvenientes, por lo general es la única. Tener en cuenta los psiquiatras, que disponen de la facultad de prescribir parar de trabajar. En cambio, la estadía prolongada en hospitales psiquiátricos no es aconsejable: demasiado destructivo. Sólo se utilizará como último recurso, como alternativa a la mendicidad.
Los mecanismos de solidaridad social (seguro de desempleo, etc.) deberán ser utilizados a pleno, así como el sostén financiero de amigos con recursos. No se culpabilice demasiado por esto. El poeta es un parásito sagrado.

El poeta es un parásito sagrado; semejante a los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar en el cuerpo de sociedades ricas y en descomposición. Pero también tiene su lugar en el corazón de las sociedades frugales y fuertes.

No tiene por qué pelearse. Los boxeadores se pelean; no los poetas. Pero un poquito hay que publicar; es la condición necesaria para que el reconocimiento póstumo pueda suceder. Si no publica un mínimo (aunque más no sea algunos textos en una revista de segunda), pasará inadvertido para la posteridad; tan inadvertido como mientras estaba vivo. Así fuera usted el más perfecto de todos los genios, deberá dejar rastro de ello; y confiar en que los arqueólogos literarios podrán exhumar el resto.
Esto puede fallar. Esto falla a menudo. Por lo menos una vez al día deberá repetirse que lo esencial es hacer todo lo posible. El estudio de la biografía de sus poetas preferidos podrá serle útil; debería permitirle cometer ciertos errores.
Dígase a usted mismo que en reglas generales no existe una buena solución para el problema de la supervivencia material; pero que existen muchas muy malas.

El problema del lugar en donde se vive, no planteará problemas en general; irá a donde pueda ir. Solamente intente evitar tener vecinos demasiado ruidosos, capaces por sí solos de provocar la muerte intelectual definitiva.
Una pequeña inserción profesional puede aportar algunos conocidos, eventualmente utilizables en una obra ulterior acerca del funcionamiento de la sociedad. Pero un período de mendicidad, en el que nos sumergiremos en la marginalidad, nos aportará otros saberes. El ideal es alternar.
Otras realidades de la vida, como ser una vida sexual armoniosa, casarse, tener hijos, resultan a la vez beneficiosas y fecundas. Pero son casi imposibles de alcanzar. En el plano artístico, son tierras prácticamente desconocidas.
De manera general, oscilará entre la amargura y la angustia. En ambos casos, el alcohol lo ayudará. Lo esencial es obtener esos escasos momentos de remisión que le permitirán realizar su obra. Serán breves; esfuércese para no dejarlos escapar.

No le tema a la felicidad; no existe.



Michel Houellebecq. Rester vivant et autres textes, Paris, Flammarion, 1997.

sábado, 9 de abril de 2011

Claude Esteban (1935-2006)






XLIV

Si quieres, respetaremos la tregua de un domingo.
Haremos callar, por un día, nuestros fabulosos demonios entrelazados. Me dirás en dónde está tu falla obscura. Tus murallas de silencio, tu invierno. Te ofreceré lo que no tiene nombre en mi historia. Ese vino tan fuerte donde me ahogo cada noche.
Caminaremos toda una mañana por terrazas que se te parecen. Al caer la noche, conocerás el verdadero color de mi lugar. Nos miraremos, sin temor y casi sin memoria.
Nos separaremos. Para, al llegar el alba, combatirnos mejor.


XLV

El rostro de mi amor tiene el sabor de las hojas del plátano. Al igual que ellas, va a palidecer. ¿Qué seré después de mí? Demasiado tiempo he dormido, inmóvil en la humedad de las habitaciones. Solo con un reflejo. No quiero. No quiero verlo perderse bajo el musgo, estremecerse contra ustedes, almas crueles del invierno. Quiero enredarme, no ser más que una serpiente con su boca. Conservar intactos los gestos del amor.



Claude Esteban, extrait de “Conjoncture du corps et du jardín” dans Le jour à peine écrit, Paris, Gallimard, 2006.

miércoles, 19 de enero de 2011

Jean-Michel Maulpoix (1952)


Nueve días en el mar como en una iglesia.

Solo con los dioses, con su ausencia. La presión de sus manos invisibles sobre mis hombros. Solo para comparecer ante el azul. En el domingo inmenso del mar. Bebiendo del espacio como un ebrio. Bocanadas de angustia y de creencia. Deseando agregar más cielo al cielo y agua salada al mar. Llorando, bañado de abismos. Feliz de ya no reconocerme.

Me gusta encender un cigarrillo en el medio del mar. Un minúsculo punto rojo sobre el azul. Un punto incandescente, chispeante y caliente. Significa que existo : soy una semilla, una pepita de hombre, una parcela de alma en llanto, tan pronto a arrodillarme como a desaparecer.



Jean-Michel Maulpoix, Une histoire de bleu, Poésie Gallimard: Paris, 2005.

Jean-Michel Maulpoix (1952)



El azul no hace ruido.
Es un color tímido, sin segundos pensamientos, presagios ni proyectos, que no se precipita bruscamente a la mirada como el amarillo o el rojo, sino que la atrae hacia sí, la domestica poco a poco, la deja acercarse sin apuro, de manera que en él se hunde, y se ahoga sin darse cuenta de nada.
El azul es un color propicio a la desaparición.
Un color en donde morir, un color que libera el color mismo del alma cuando se ha desvestido del cuerpo, cuando ha salpicado toda la sangre y se han vaciado todas las vísceras, las bolsas de todo tipo, para mudar de manera definitiva el mobiliario de nuestros pensamientos.
Indefinidamente, el azul se evade.
No es, a decir verdad, un color. Más bien una tonalidad, un clima, una resonancia especial en el aire. Un apilamiento de claridad, un tinte que nace del vacío agregado al vacío, tan cambiante en la cabeza del hombre como en los cielos.
El aire que respiramos, el vacío aparente en el cual se agitan nuestras formas, el espacio que atravesamos, no es más que este azul terrestre, invisible por lo cercano, haciendo cuerpo con nosotros, vistiendo nuestros gestos y nuestras voces. Presente hasta en la habitación, aun con las persianas bajas y las lámparas apagadas, insensible prenda de nuestra vida.

Jean-Michel Maulpoix, Une histoire de bleu, Poésie Gallimard: Paris, 2005.