sábado, 9 de abril de 2011

Claude Esteban (1935-2006)






XLIV

Si quieres, respetaremos la tregua de un domingo.
Haremos callar, por un día, nuestros fabulosos demonios entrelazados. Me dirás en dónde está tu falla obscura. Tus murallas de silencio, tu invierno. Te ofreceré lo que no tiene nombre en mi historia. Ese vino tan fuerte donde me ahogo cada noche.
Caminaremos toda una mañana por terrazas que se te parecen. Al caer la noche, conocerás el verdadero color de mi lugar. Nos miraremos, sin temor y casi sin memoria.
Nos separaremos. Para, al llegar el alba, combatirnos mejor.


XLV

El rostro de mi amor tiene el sabor de las hojas del plátano. Al igual que ellas, va a palidecer. ¿Qué seré después de mí? Demasiado tiempo he dormido, inmóvil en la humedad de las habitaciones. Solo con un reflejo. No quiero. No quiero verlo perderse bajo el musgo, estremecerse contra ustedes, almas crueles del invierno. Quiero enredarme, no ser más que una serpiente con su boca. Conservar intactos los gestos del amor.



Claude Esteban, extrait de “Conjoncture du corps et du jardín” dans Le jour à peine écrit, Paris, Gallimard, 2006.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario