martes, 19 de abril de 2011

Michel Houellebecq (1958)



Seguir viviendo

"Con todo, el oficio de las letras sigue siendo el único en el que se puede no ganar dinero sin caer en el ridículo."




Un poeta muerto ya no escribe. De ahí la importancia de seguir viviendo.

Este razonamiento simple, a veces resultará difícil de mantener. En particular durante los períodos de esterilidad creadora prolongada. Mantenerse con vida, en esos casos, le parecerá dolorosamente inútil; de todas formas, no escribirá más.
A esto, sólo una respuesta: en el fondo, usted no sabe nada. Y si se examina con honestidad, finalmente deberá aceptarlo. Se han visto casos extraños.
Si usted no escribe más, es quizá el preludio de un cambio de forma. O de un cambio de tema. O de ambas cosas. O tal vez se trate efectivamente de su muerte creadora. Pero usted no sabe nada. No conocerá jamás esa parte de usted mismo que lo impulsa a escribir. La conocerá solo bajo formas aproximadas y contradictorias. ¿Egoísmo o devoción? ¿Crueldad o compasión? Todo se puede defender. Prueba de que, finalmente, usted no sabe nada; entonces, no se comporte como si supiera. Frente a su ignorancia, frente a esta misteriosa parte de usted mismo, siga siendo honesto y humilde.
No solo los poetas que viven hasta viejos producen más, sino que en la vejez se asientan procesos físicos y mentales particulares, que sería una lástima no llegar a conocer. Dicho esto, seguir viviendo es extremadamente difícil. Podremos pensar en adoptar una estrategia a la Pessoa: encontrar un pequeño empleo, no publicar, esperar apaciblemente la muerte.
En la práctica, tendremos que sobreponernos a importantes dificultades: sensación de perder el tiempo, de no estar en nuestro lugar, de no ser valorado en la justa medida… todo esto pronto se volverá insostenible. Será difícil evitar el alcohol. Al final de cuentas, la amargura y la acidez esperarán al final del camino, seguidas inmediatamente por la apatía y una esterilidad creadora total.
Si bien esta solución tiene sus inconvenientes, por lo general es la única. Tener en cuenta los psiquiatras, que disponen de la facultad de prescribir parar de trabajar. En cambio, la estadía prolongada en hospitales psiquiátricos no es aconsejable: demasiado destructivo. Sólo se utilizará como último recurso, como alternativa a la mendicidad.
Los mecanismos de solidaridad social (seguro de desempleo, etc.) deberán ser utilizados a pleno, así como el sostén financiero de amigos con recursos. No se culpabilice demasiado por esto. El poeta es un parásito sagrado.

El poeta es un parásito sagrado; semejante a los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar en el cuerpo de sociedades ricas y en descomposición. Pero también tiene su lugar en el corazón de las sociedades frugales y fuertes.

No tiene por qué pelearse. Los boxeadores se pelean; no los poetas. Pero un poquito hay que publicar; es la condición necesaria para que el reconocimiento póstumo pueda suceder. Si no publica un mínimo (aunque más no sea algunos textos en una revista de segunda), pasará inadvertido para la posteridad; tan inadvertido como mientras estaba vivo. Así fuera usted el más perfecto de todos los genios, deberá dejar rastro de ello; y confiar en que los arqueólogos literarios podrán exhumar el resto.
Esto puede fallar. Esto falla a menudo. Por lo menos una vez al día deberá repetirse que lo esencial es hacer todo lo posible. El estudio de la biografía de sus poetas preferidos podrá serle útil; debería permitirle cometer ciertos errores.
Dígase a usted mismo que en reglas generales no existe una buena solución para el problema de la supervivencia material; pero que existen muchas muy malas.

El problema del lugar en donde se vive, no planteará problemas en general; irá a donde pueda ir. Solamente intente evitar tener vecinos demasiado ruidosos, capaces por sí solos de provocar la muerte intelectual definitiva.
Una pequeña inserción profesional puede aportar algunos conocidos, eventualmente utilizables en una obra ulterior acerca del funcionamiento de la sociedad. Pero un período de mendicidad, en el que nos sumergiremos en la marginalidad, nos aportará otros saberes. El ideal es alternar.
Otras realidades de la vida, como ser una vida sexual armoniosa, casarse, tener hijos, resultan a la vez beneficiosas y fecundas. Pero son casi imposibles de alcanzar. En el plano artístico, son tierras prácticamente desconocidas.
De manera general, oscilará entre la amargura y la angustia. En ambos casos, el alcohol lo ayudará. Lo esencial es obtener esos escasos momentos de remisión que le permitirán realizar su obra. Serán breves; esfuércese para no dejarlos escapar.

No le tema a la felicidad; no existe.



Michel Houellebecq. Rester vivant et autres textes, Paris, Flammarion, 1997.

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